La ciudad de
Huesca ha visto alternarse al frente del gobierno municipal
candidat@s y partidos convencionales, de vieja política y
escasa vocación participativa.
A pesar de
la casi inexistente promoción de la participación
ciudadana en las decisiones municipales, la ciudad de Huesca puede
presumir de contar con un movimiento asociativo bastante nutrido que,
por su número y composición, debería actuar como
una estupenda correa de transmisión entre la ciudadanía
y el ayuntamiento. Sin embargo, no puede decirse que esto se haya
producido.
Los
sucesivos gobiernos municipales parecen haber dado la espalda a los y
las habitantes de nuestra ciudad a la hora de decidir qué
medidas podían resultar las más convenientes para ellos
y ellas. Los consejos municipales sectoriales, que deberían
haber sido el escenario de un interesantísimo intercambio de
propuestas y de ideas, tan apenas han funcionado en los gobiernos del
'pack' PPSOE.
Ese estado
de cosas ha provocado que los movimientos ciudadanos se hayan hecho
eco de la indignación que ha trastornado la plaza pública
en toda España. El 15-M alentó un espíritu
contestatario y de oposición pacífica y argumentada a
las viejas maneras de hacer política, calando profundamente en
la ciudadanía. Las diferentes mareas (verde, blanca y roja)
han cobrado un protagonismo constante durante los últimos
meses, debido a las políticas de recortes y de privatización
masiva que los gobiernos central y autonómico han implantado
en el espacio público. Los desahucios sufridos por los más
humildes de nuestra sociedad han requerido la actuación de la
Plataforma de Afectados por las Hipotecas, que se ha posicionado
contra el trato de favor que nuestras Administraciones han dispensado
a los bancos en detrimento de la ciudadanía.
Los logros
sociales conocidos por nuestra educación, nuestra sanidad,
nuestros derechos laborales y sociales, están en franco
peligro de extinción a menos que todos y todas nos sacudamos
el cómodo marasmo en el que nuestr@s gobernantes esperan que
nos situemos.
Pero esa
situación debe cambiar desde el momento en que PODEMOS tome el
poder, recoja el testigo de las necesidades de la gente y las lleve,
de una vez por todas, al ámbito de decisión política
de nuestros ayuntamientos, comarcas y diputaciones. Y, siempre,
contando con la ciudadanía, para hacer efectiva y real otra
forma de hacer política. Para ello, como parte imprescriptible
del ADN de PODEMOS, debemos alentar la participación activa de
nuestr@s convecin@s; no sólo en los consejos sectoriales
municipales –donde debe oírse la voz de la gente–, sino
también en toda deliberación que afecte de manera
importante a la vida de la ciudad. Las actuales herramientas
informáticas permiten hoy por hoy, además de transmitir
eficazmente la información, la votación de cualquier
asunto que nos competa como ciudadanía activa y comprometida.
En Huesca
es necesario recuperar una cierta cordura en lo público, para
que todos y todas dejemos de sentir que se gobierna sin contar con
nuestra aprobación y, sobre todo, sin derrochar el empobrecido
erario que nos han dejado las más que erróneas
políticas del PPSOE.
Imponentes
instalaciones de desmedido coste y más que escaso beneficio
–de las que el palacio de congresos es un perfecto ejemplo.
Actividades
culturales que pretenden "poner a Huesca en el mapa" pero
que consiguen más bien poco rendimiento social al ser
concebidas sin contar con la ciudadanía –de las que el
Festival de Cine, Periferias y la Feria de Teatro son los exponentes
más destacados.
Manifestaciones
culturales tradicionales que siguen arrinconando a las mujeres y
maltratando brutalmente a los animales –hay que redefinir las
fiestas de San Lorenzo sobre la base de la sociedad madura y
consciente que aspiramos a conformar.
Obras
públicas que más parecen decidirse para beneficio de
ciertas empresas que en provecho de los y las oscenses –como el
actual proceso de peatonalización de los Cosos que, si bien
plausible en el fondo, se ha diseñado sin consultar demasiado
con sus más direct@s afectad@s.
Brindis al
sol, promesas incumplidas, gestión más que deficiente.
Y todo ello sin contar con la ciudadanía en la toma de
decisiones sino es de manera delegada: pretenden limitar nuestra
participación a la introducción cada 4 años de
una papeleta de voto en una urna; con ello se sienten legitimad@s
para decidir por tod@s nosotr@s, incluso a pesar de que nos
manifestemos, protestemos, critiquemos sus maneras y sus actos.
Pero esto
debe cambiar sobre la base de una política que haga de la
PARTICIPACIÓN una de sus principales banderas. No sólo
porque la ciudadanía atesora más y mejores argumentos
sobre cómo quiere vivir y de qué manera gestionar sus
recursos, sino porque ha llegado un momento en que los partidos de la
casta han perdido nuestra confianza y seamos nosotr@s, la gente de a
pie, los transeúntes de la historia, quienes tomemos en
nuestras propias manos nuestro destino.
PODEMOS se
habrá de convertir, pues, en el agente de la participación
ciudadana y de su progresivo empoderamiento.
Y para ello
deberá mostrarse, asímismo, participativo, transparente
y democrático en sus estructuras y en sus tomas de decisiones,
bien marcado por las señas de identidad que hoy por hoy
reconoce toda la sociedad en nuestra novísima organización.
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